La rumana Herta Müller cuya prosa impregnada de poesía fue una voz contra la dictadura de Nicolae Ceausescu, caída hace exactamente 20 años, se convirtió en ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, “la densidad de la poesía y la franqueza de la prosa” que presenta el mundo de los desheredados, destacó la Academia Sueca.

La historia de los Premios Nobel se ha escrito mayoritariamente en masculino, pues desde su creación en 1901 lo han recibido 650 hombres frente a 31 mujeres y sólo una docena de ellas en Literatura, la última la rumano-alemana Herta Müller. En lengua hispana, sólo una mujer, la chilena Gabriela Mistral, ha logrado el Nobel de Literatura y lo hizo en 1945.

“Todavía no me lo puedo creer. Lo sé, pero todavía no entró en mi cabeza”, declaró la escritora en una multitudinaria conferencia de prensa celebrada en Berlín. “En todo caso, el premio es algo exterior y lo que de verdad le importa es la escritura. Lo demás es un añadido”, agregó. La escritora sostuvo que el galardón no la hace ni mejor ni peor que antes y que seguirá siendo la misma persona, porque no va “a ejercer de premio Nobel las 24 horas del días” y que “seguramente” no pensará “en él cuando esté friendo huevos o pelando patatas”.

La canciller alemana Angela Merkel calificó como una señal maravillosa que veinte años después de la caída del Muro de Berlín el Premio Nobel recayera en una escritora germanohablante, residente de la capital de Alemania.

Desde su primer libro de cuentos, “En tierras bajas”, escrito en 1982 pero censurado en Rumania y publicado solamente dos años después en Alemania, Müller no cesó de describir las condiciones de vida bajo la dictadura, con su cortejo de “corrupción, de intolerancia, de opresión”, señala la Academia Sueca. Su última novela “Atemschaukel” (2009) amplía el terreno de su contestación al describir el exilio de los rumanos germanohablantes en la Unión Soviética.

Nacida en 1953 en un pequeño pueblo, Nitzkydorf, de esa región transgermana del Banato rumano, en una comunidad de origen suabo instalada allí desde hace más de dos siglos, con una población de apenas 250.000 habitantes, Herta Müller estudió en Bucarest. Huyendo, como otros muchos, por ejemplo, el gran escritor judío Norman Manea, también candidato desde hace años al Nobel, en este caso en lengua rumana, del siniestro «Conducator» Ceaucescu, en 1987 Herta Müller logró salir de Rumanía, gracias a la presión de diversas asociaciones de escritores, instalándose en Berlín. Una literatura, la suya de origen, que antes de la caída del Muro, normalmente era llamada la «quinta literatura alemana», la que seguía a las de las dos Alemanias, a Suiza y a Austria. Y una gran literatura, la germánica, que hoy se está nutriendo y renovando sin cesar a través de brillantes y estupendos escritores llegados de las más diversas partes del mundo: ahí estaría la turca Emines Sevgi Özdamar, el sirio Rafik Schami, el iraní Kader Abdolah y, por supuesto, la flamante y espléndida premio Nobel de Literatura de este año, Herta Müller.