La ciudad brasileña de Río de Janeiro se impuso a Madrid, Tokio y Chicago para convertirse en sede de los próximos Juegos Olímpicos de 2016. Río ya intentó ser ciudad olímpica por primera vez en 1936 y volvió a la carga en 2004 y 2012. La candidatura brasileña se impuso 66 a 32 votos a Madrid.
Cuando Río de Janeiro anunció su decisión de postularse por tercera vez a organizar unos Juegos Olímpicos, sus posibilidades de lograr éxito parecían escasas.Problemas como la violencia urbana, el tráfico caótico y la contaminación ambiental indicaban que la ciudad brasileña no tenía posibilidades de competir contra importantes rivales del mundo industrializado y con larga tradición de organizar grandes citas deportivas.
El discurso del presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva en la sede del Comité Olímpico Internacional en Dinamarca fue sin duda alguna conmovedor, “ha llegado nuestro momento. Entre las diez mayores economías del mundo, Brasil es la única que aún no ha sido sede de unos Juegos. Entre los países que hoy compiten para ser sede, Brasil es el único que aún no ha tenido ese honor. Para los otros países será otra edición de los Juegos; para nosotros, una oportunidad sin precedentes de crecer en autoestima, de fortalecer las conquistas recientes y de estimular nuevas. Ésta es la candidatura de América del Sur”, afirmó. Así, apeló al “apoyo” y la “visión de futuro” de los miembros del COI porque “ha llegado el momento de poner fin al desequilibrio” entre continentes, y les pidió que “aprovechen este momento mágico de América del Sur” para “ampliar los Juegos y llevarlos” a otros lugares del planeta. “Transmitan un mensaje claro al mundo: que los Juegos pertenecen a todos los pueblos de todos los continentes, a toda la humanidad”, exigió.
La candidatura parecía sentirse ganadora desde el inicio. El vídeo final simulaba la llegada de los atletas a la ciudad, grupos de jóvenes con diferentes colores y vestimentas desfilando por las calles, asistiendo a improvisados conciertos callejeros, abrazándose en la “ciudad más feliz del mundo”, como la definía el alcalde y proclamando en todos los idiomas “la pasión nos une”, hasta dibujar cinco aros olímpicos, cómo no, en Copacabana.





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