Celos

Celos

Las peleas constantes debido a los celos fue la segunda causa más frecuente mencionada por agresores para matar a sus parejas en el Distrito Federal según revela el  Fiscal Central de Investigación para Homicidios de la Procuraduría General de Justicia del DF, Alfredo Díaz Escobar.

Los crímenes pasionales ocupan el segundo lugar de homicidios violentos en la ciudad de México, sin embargo, existe una figura legal que reduce la pena del asesino, que es el homicidio atenuado o emotividad violenta. Dicha figura se aplica cuando el agresor o agresora sorprenden a sus parejas en pleno amasiato, y cometen el crimen bajo el estado de shock emocional que les causó la infidelidad.

Según las estadísticas de la dependencia capitalina, durante 2009 se cometieron un promedio diario de dos homicidios dolosos. De los 747 casos de asesinatos registrados el año pasado, los casos de riñas ocuparon el primer lugar, luego los pasionales, y en tercer lugar, por resistirse a ser asaltado.

 

Los asesinatos atribuidos por la procuraduría capitalina a motivos pasionales pueden llegar a lo escalofriante: insistir en continuar una relación, bailar con otra persona, elegir una pareja distinta, maltratos, herencias o estar embarazada, por mencionar algunas causas. Al respecto, el fiscal de Homicidios de la PGJDF, Joel Díaz Escobar, aseguró que para aplicar dicha figura se tiene que analizar el contexto de la agresión, pues si había situaciones de violencia marital, es difícil comprobar que la ofendida u ofendido actuaron bajo el estado de emotividad. En los crímenes de pasión es común que se utilicen las armas blancas, el estrangulamiento, las armas de fuego y hasta los golpes con algún objeto en la cabeza, que dejan traumatismo craneoencefálico.

 

Por otra parte el Instituto Mexicano de la Juventud dio a conocer que el 70 por ciento de los jóvenes mexicanos viven violencia en el noviazgo, aunque ésta es casi imperceptible, debido a que se considera “normal” que las parejas pretendan controlar la forma de vestir, de comportarse, incluso hasta restringir la convivencia con amigos o familiares, “porque si no me cela, no me quiere, porque si me cela es que lo traigo loquito”, señaló Priscila Vera Hernández, directora.