Bilbao, ciudad española y capital de la provincia de Vizcaya, uno de los ejemplos más aplaudidos en materia de transformación urbana y modelo a seguir en lo que se refiere a ciudades pensadas para personas, y no para su majestad el automóvil.
El caso de esta localidad o “Villa”, como ellos la llaman, es digno de estudiarse y analizarse con detenimiento. En algún momento de la historia, Bilbao vivió un “boom económico” gracias a la explotación de sus zonas mineras y una robusta industria siderúrgica. Con el tiempo, aquello que fue principalmente una ciudad industrial exitosa; pasó a ser una urbe que cayó en una profunda crisis y tuvo que replantearse los porqués y los cómos de su propio modelo de ciudad. Lo que faltaba era revivir una capital marcada principalmente por un pasado industrial, donde grandes espacios -que habían sido pensados para producir- necesitaban ahora ser espacios dignos, amables y aptos para la gente.
Otro de los grandes problemas que enfrentó en algún momento la emblemática ciudad de Bilbao, fue el del espacio, debido principalmente a su ubicación geográfica; llegó un momento en que simplemente, ya no les alcanzaba el terreno, al igual que en muchas ciudades de nuestro país, México.
Bilbao decidió cambiar su suerte y su rumbo, al pasar de ser una ciudad de antiguos terrenos industriales a una urbe volcada a su recuperación ambiental y entorno urbano. Se dice fácil, pero lo que uno debe pensar, es que para cambiar su destino tuvieron que cambiar de actitud, y como algún sabio dijo por ahí: “el hombre es el único animal sobre la tierra que con tan sólo cambiar de actitud, cambia su propio destino”. Lo que todo esto permitió, fue un cambio radical en la calidad de vida de los bilbaínos.
Los cambios que siguieron fueron aparentemente sencillos, pero de gran impacto en el destino de cualquier ciudad: se crearon alamedas, calles rectilíneas por las que fue posible pasear y humanizar los espacios, así como la construcción de diversos símbolos que lograron transformar lo que era un pálido y enfermizo rostro, en uno cargado de energía y vitalidad. Entre las construcciones más significativas se encuentran: La Plaza Nueva, el actual Ayuntamiento, el teatro Arriaga, inspirado en la Ópera de París; y por supuesto el museo Guggenheim, que ya no es sólo una gran obra arquitectónica para la ciudad de Bilbao, sino también para el mundo entero.
La transformación no sólo podía hacerse en el centro de la ciudad, sino que sus barrios -construidos en época de la industrialización, con muchas carencias- fueron también rediseñados, porque supieron entender que la ciudad debía desarrollarse de forma integral.
En la actualidad el portal electrónico del Ayuntamiento de Bilbao (Bilbao.net.) contiene un mensaje del actual alcalde, Iñaki Azkuna Urreta, que dice mucho de lo que en aquel municipio se privilegia: “En Bilbao estamos creando una ciudad a escala humana. Tras años de pesimismo y desencanto, los vecinos y vecinas de la Villa hemos vuelto a recuperar el orgullo de ser bilbaínos”.
Cuando uno estudia casos como el de Bilbao, uno entiende que los cambios son posibles a pesar de las obvias diferencias; lo que hace falta es un proyecto que nos permita ponernos de acuerdo, pero sobre todo un proyecto de ciudad en donde el ser humano y la calidad de vida de sus habitantes sean lo más importantes. En la actualidad, nuestra ciudad, Cuernavaca, tiene problemas similares a los que alguna vez también tuvo Bilbao, -con sus respectivas diferencias- ¿Cuál es la diferencia? Que allá se pusieron de acuerdo, pero no en torno a negocios ni a intereses partidistas, sino en torno a los protagonistas de esta historia, las personas, – los de a pie-.
Uno de los principales problemas que enfrenta Cuernavaca, es que ni siquiera se sabe a dónde queremos ir, y cuando llegan los proyectos, las personas no son lo que los motiva, sino los negocios, intereses mezquinos y electorales que en la mayoría de las veces son contrarios a los intereses ciudadanos.
¿Hasta cuándo tendremos un proyecto de ciudad para Cuernavaca? ¿Seguiremos intentando tapar el sol con un dedo, a pesar de ser un acto probado? ¡Basta! Pongámonos de acuerdo y logremos construir una metrópoli a partir de nuestras coincidencias y no desde nuestras diferencias.
Por la ciudad que queremos: Un proyecto de ciudad, a corto, mediano y largo plazo.
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fvalverdep@gmail.com



Conocí Bilbao hace muchísimos años, era una ciudad gris, aunque con la ilusión de la niñéz y el deso de conocer parientes la sidfruté. sin embargo, ahora con amigos cercanos-algunos cuyos familiares viven allá- sé a través de conversaciones y fotografías así como de lecturas varías la veracidad de lo que exponen en el artículo.
Sí es posible transformar a Cuernavaca. ¡Por supuesto! Interesarse por “los de a pie” es hacerlo por la sociedad entera.
Necesitamos funcionarios que sepan actuar, con valores, con interés por el bienestar común y el desarrollo del país, junto a empresarios visionarios y una ciudadanía comprometida. Como en todo México.
Conocí Bilbao hace muchísimos años, era una ciudad gris, aunque con la ilusión de la niñéz y el deso de conocer parientes la disfruté. sin embargo, ahora con amigos cercanos-algunos cuyos familiares viven allá- sé a través de conversaciones y fotografías así como de lecturas varías la veracidad de lo que exponen en el artículo.
Sí es posible transformar a Cuernavaca. ¡Por supuesto! Interesarse por “los de a pie” es hacerlo por la sociedad entera.
Necesitamos funcionarios que sepan actuar, con valores, con interés por el bienestar común y el desarrollo del país, junto a empresarios visionarios y una ciudadanía comprometida. Como en todo México.