Lejos está ya Morelos de ser tierra de remanso, de paz y tranquilidad; de ser lugar de descanso sin que se corra peligro alguno. ¡Qué tiempos aquellos y qué tiempos se viven hoy. No hay comparación. No hace mucho se decía que Morelos estaba a salvo del narcotráfico y de la delincuencia organizada, (opinión de gobernantes) ello a pesar de la serie de secuestros que se registraron en el mandato inconcluso de Jorge Carrillo Olea hechos delictivos que han continuado hasta nuestros días. Recuérdese también que en el estado tenían (¿o tienen?) sus residencias altos jefes del narcotráfico.

Pues hoy nuestra otrora apacible y paradisiaca entidad la envuelve la más atroz violencia. Los delincuentes se pasean como Pedro por su casa haciendo de las suyas asaltando residencias, autobuses, robando autos, asaltando transeúntes, asesinando policías y civiles, atracando en plena calle y a la luz del día. Encajuelados, levantados, asesinatos salvajes, torturados, taxistas hallados muertos en sus autos, son ya noticias con las que nos levantamos un día si y otro también. Morelos, ha entrado a la espiral de violencia que a todos causa miedo y terror, porque nadie sabe cuando le toca ser víctima ya de asaltantes vulgares o de la delincuencia organizada o del narcotráfico, negocio ilícito que ya nadie duda que ha sentado sus reales en ciudades y pueblos. Lo peor, es saber que la delincuencia ha penetrado los cuerpos de seguridad pública. los cuales, por otro lado, se hallan muchas veces indefensos pues ya se vio que sus jefes los “mandan a la guerra, sin fusil”, como acaba de suceder con el asesinato de dos jefes policíacos a manos de delincuentes que asaltaron una casa en la colonia Lomas de Cortés el pasado sábado 27 de septiembre. Ante la grave inseguridad que se sufre a veces se piensa que vivimos en la ley de la selva, inermes, sin defensa alguna ante la ola delincuencial ello en virtud de carecer de policías sin la capacitación necesaria y sin armamento moderno.

La delincuencia y la violencia siempre han existido, pero no como ahora con la virulencia que la caracteriza y es que nunca como ahora se había padecido una crisis económica y social como la que padecemos. Desempleo, jóvenes sin oportunidades, carestía desenfrenada, sueldos miserables, campesinos abandonados, desigualdad increíble, concentración de la riqueza en unos cuantos y por otro marginación y pobreza de miles. Mendicidad, vicio, droga por doquier. Eso y más es lo que ha generado el Morelos y el México situación a la que no están exentos de culpa gobiernos que aparte de corruptos e incapaces parecen no tener llenadera. De alguna manera la violencia es ominoso signo de ingobernabilidad, inestabilidad y manifestación de posible estallido social. ¡Cuidado!