
Ejercito Libertador del Sur
Muchos los compañeros de Emiliano Zapata que con lealtad y patriotismo sumados a una inmensa pobreza y maltrato de los poderosos de la época, le acompañaron en su Ejército Libertador del Sur. Fotografías de ésos años, ilustran a un personaje que invariablemente se veía ataviado con ropa campesina humilde, carrilleras cruzándole el pecho y una gorrita de marinero que presumía con orgullo. En tanto sus correligionarios mostraban tremendo sombrero de alas muy anchas y copa en pico, clásico zapatista, él lucía notablemente su cachuchita oscura.
Su nombre Abraham Martínez alias “la becerra”. Se incorporó a las fuerzas de Emiliano Zapata en marzo de 1911 como Jefe de su Estado Mayor, a quien sirvió durante todo el período de la revolución maderista participando en el ataque y sitio de Cuautla en ése mismo año. Una vez tomada la heroica, las fuerzas zapatistas, se dirigieron a tomar la ciudad de Cuernavaca y Abraham Martínez “la becerra”, continuó desempeñando el cargo de Jefe del Estado Mayor. En esa misma época, Abraham Martínez recibió una comisión de Emiliano para que la realizara en la ciudad de México llevando diversos asuntos, y volvió a reunirse con el caudillo, hasta que se proclamó el Plan de Ayala. Muy significativamente otro compañero de Zapata también de apellido Martínez, cumplía encargos importantes ordenados por el general sureño.
Coronel, periodista y de ideas liberales muy arraigadas, es uno de los primeros hombres que empieza a luchar contra la dictadura de Porfirio Díaz desde que dejó la presidencia al cuidado de su compadre el general Manuel González en 1880, para recuperarla nuevamente en 1884 y no dejarla hasta que el movimiento de 1910 lo obligó a renunciar en definitivo a la presidencia. Paulino Martínez, periodista de profesión, desde las páginas de los periódicos que dirigió no dio tregua a su labor de criticar y pedir que Díaz no se reeligiera. De mayo de 1909 hasta el triunfo del movimiento maderista fue uno de los siete miembros del Consejo Ejecutivo del Centro Anti-reeleccionista en el cual fungió como secretario junto con Filomeno Mata, José Vasconcelos y Félix P. Palaviccini. En octubre de 1911 se unió a la revuelta anti-maderista encabezada por los hermanos Vázquez Gómez.
Fue el principal autor del Plan de Tacubaya, el cual exigía al gobierno el cumplimiento inmediato de sus promesas agrarias. En 1912, al perder impulso la revuelta vazquista, se unió al movimiento zapatista. En octubre de 1914 fue designado por Zapata presidente de la Comisión del Ejército Libertador del Sur a la Convención de Aguascalientes, durante la cual debatió para que la Convención aceptase los postulados del Plan de Ayala, atacando a Carranza y votando por la candidatura a la presidencia de Antonio I. Villarreal. Ése mismo año, por causa de decisiones incoherentes y órdenes impositivas del general Eulalio Gutiérrez encargado de la plaza del distrito federal (en un esfuerzo por ejercer su autoridad) dadas a Francisco Villa y Emiliano Zapata, respecto a hacerse cargo de la vigilancia y seguridad de la metrópoli, rebeldes como eran los líderes revolucionarios, se sintieron ofendidos y así toda vez de ponerse al servicio del presidente interino, se entregaron a las rivalidades que pronto tuvieron como resultado, actos de agravio y venganza. Fueron tantas las imprudencias cometidas, tantos los enconos que se suscitaron, que villistas y zapatistas acudieron pronto a maniobras y crímenes entre ellos, siendo una de las primeras víctimas el profesor Paulino Martínez, quién había presidido como lo anotamos, la delegación zapatista a la Convención.
Martínez, dedicado por largos años al periodismo de oposición, no creyó excesivo hacer alguna censura al general Francisco Villa. Sin embargo, el hecho bastó para que los jefes villistas le secuestraran, llevándole al cuartel San Cosme, en donde por orden del general Rodolfo Fierros fue fusilado en la madrugada del 13 de diciembre de 1914. Profundas diferencias entre uno y otro caudillo. Dice el historiador José C. Valades: “a Zapata para unirse a la revolución, no le inspiró, como a Villa, el alma de la aventura y de la pelea. Zapata fue un inspirado de la pobreza; de la pobreza propia y de la pobreza de sus semejantes. Hállase en él un redentorismo, que no es político, ni agrario, ni constitucional; es un redentorismo humano, sin tesis, sino llanamente humano. De ése redentorismo que se funda en creer que es posible hacer el bien al semejante; y del bien al semejante dentro de un criterio rústico que dominaba, centímetro a centímetro, la vida y la historia de Zapata”.





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