Corría la década de los ochentas, cuando una mañana del mes de junio, arribaron a las canchas del Jardín Revolución (el del mioncito, la albercota, los fajes, las broncas y las cascaritas) varias unidades de maquinaria pesada; comenzaron las excavaciones para la cimentación de lo que sería el edificio de la cámara de diputados. Un grupo grande de jugadores de basquetbol y volibol con energía y apasionada defensa de su espacio, se opusieron rotundamente a la construcción del inmueble. Iban encabezados por las famosísimas Prisca Aguirre de Rebollo y su hija María Rebollo Aguirre “La Galleta”, íconos del deporte en el estado por su destacada participación y entrega desinteresada.

-¿Quién se opuso a la construcción del edificio?- me preguntó Don Lauro. -¡Las galletas doctor!- respondí con la certeza de que le iba a incomodar la contestación. -¿Y quiénes son ésas?- volvió a interrogar. -Ciudadanas con mucho liderazgo entre los deportistas- le confirmé convencido. -¡Quiero hablar con ellas!- concluyó. Lo que siguió al diálogo que sostuve con el gobernador en turno lo ignoro, pero de lo que si estoy completamente seguro es que en lugar de la estructura planeada, se edificó el gimnasio y las canchas de usos múltiples actuales, con todo y su piso de duela.

Prisca Aguirre Gómez nace un 15 de junio de 1926 por lo que evidentemente este mes cumplió 84 años de los cuales 66 los ha dedicado con mística y generosidad a entrenar equipos de basquetbol infantiles, juveniles, adultos y por supuesto universitarios, de varias generaciones. Es un personaje incrustado en la crónica de Cuauhnáhuac, sobre todo identificada por los que de una u otra forma hemos asistido por décadas al Jardín Revolución, “El Revu” como lo llamamos con cariño, donde empezó a jugar a los 18 años en 1944 cuando la cancha era de piso de tierra con un tablero de madera clavado en un polín enterrado y aprovechando el tiempo libre que le daban don Fidel Aguirre y doña María Gómez sus padres quienes se ganaban el sustento diario vendiendo nieve en el zócalo de Cuauhnáhuac desde 1937. Recuerda doña Prisca: “el licenciado Ramiro González Casales, un ingeniero de apellido Borrego funcionario de la S.O.P., Juan Manzo, Ángel Morales y varios jugadores de la época se cooperaron para poner un piso de asfalto por los cincuentas y no fue sino hasta los sesentas aproximadamente cuando se le puso piso de cemento.”

Su espíritu altruista permitió que Prisca hiciese su labor de entrenadora gratuitamente hasta el año 2000, fecha en que mi compadre del alma Roberto Becerril Avelar le concede una plaza en el Instituto del Deporte del Estado con un sueldo estrafalario de dos mil pesos mensuales, jubilándola el propio instituto por situaciones de grilla interna hace cuatro meses, con la misma cantidad, sustituyéndola por un argentino y arrebatándole toda prestación a la que laboral y legalmente tiene derecho, además de privarla de realizar lo que más le ha llenado de satisfacción en la vida, enseñar basquetbol a los chamacos. La trayectoria de Prisca es inmensa y destaca el haber entrenado a la selección de basquetbol de la Facultad de Arquitectura de la UAEM, a la cual llevó por 6 años consecutivos (1968-1974) al campeonato nacional universitario con jugadores como Alejandro Rebollo, José Luis Molinar, Alfredo Sandozeki, Paco Talamantes, Armando Pérez (el peras), Gamaliel Sánchez, Héctor Ruvalcaba y más, independientemente de muchos campeonatos municipales, estatales y nacionales con equipos de diversas categorías. Prisca tuvo 5 hijos y nos describe: “María “la galleta”, Francisco que es maestro de “tae kuan do” con alumnos muy brillantes en las competencias a nivel nacional; Alejandro empresario en los estados unidos y ex seleccionado de basquetbol a nivel estatal, Elizabeth ex seleccionada a nivel estatal de basquetbol, también entrenadora y Esperanza ex-jugadora de basquetbol a nivel estatal y secretaria.

Destaco en forma personal haber visto jugar a su hija María Rebollo Aguirre la famosísima galleta, la única seleccionada nacional de basquetbol que ha tenido Morelos; jugadora en equipos de primera fuerza a nivel nacional; jugadora en los juegos panamericanos, centroamericanos, preolímpicos en Canadá y mundiales. Entrenadora por más de 35 años, de equipos y selecciones nacionales juveniles e infantiles, obteniendo un sin fin de trofeos y campeonatos. Fue seleccionada como la mejor novata a nivel nacional en 1971 y galardonada como la mejor jugadora de basquetbol en México. El pasado domingo obtuvo el campeonato municipal femenil de la ciudad de Cuernavaca. Durante un juego en Centroamérica, estaban tan duros los golpes que se daban las jugadoras, que su compañera Pita Sánchez le comentó: “pegaste con mucha galleta María, tienes mucha galleta”, naciendo el sobrenombre con el que todos con mucho cariño y aprecio en Cuauhnáhuac nos referimos a Prisca y María: ¡nuestras galletas!