Primaria "Benito Juárez"
Pareciese inútil que habiendo tantos temas de los cuales escribir tan morbosamente apasionantes, éste cronista que garabatea salga con algo que para muchos es insulso y para los más memorable, sobre todo cuernavaquenses que aspiramos a recobrar a como dé lugar la identidad extraviada por muchas décadas de ésta nuestra adorada Cuauhnáhuac.
Del edificio que hasta la fecha ocupa la Escuela Primaria Urbana Federal Benito Juárez mucho ha escrito el apreciado historiador Valentín López González; dado que no es el caso referenciar una vez más acerca del inmueble como estructura arquitectónica, les comento que ésta institución educativa ha albergado desde hace más de ochenta años a toda una pléyade de ciudadanos de todas las clases sociales y económicas de la ciudad tlahuica. -¡Órale! don Panchito no se haga güey, deme mi Spur Cola, ya se la pagué- reclamaba el chiquillo al encajoso conserje que estaba despachando los refrescos. -¡Salte de la cola! no te voy a dar nada- le urgió el chaparro quien además traía sobre la cabeza un desgastado sombrero de fieltro café, seguro de que el pequeño lo obedecería, echándose al bolsillo 35 centavos más de tantos y tantos niños a los que timaba con el cuento de que no le habían pagado. De pronto apareció el trompudo Mireles, el que trabajaba como talabartero, fornido y corpulento, dispuesto a defender al compañero. -¡Órale viejo encajoso! dele su “chesco” al chavo- le exigió al regordete, que fuera de onda y temeroso, saco de aquel enorme refrigerador el envase conteniendo el líquido negro sabor cola, que a menor precio le hacía desde entonces la competencia al que vendía la trasnacional. Ya en el patio central se había reunido la palomilla, dispuesta a echarse la clásica cascarita, con pelota de goma de diámetro no mayor de 10 centímetros. Se trataba ni más ni menos del recreo en la Benito, la neta, la tradicional, la de la banda, la de los jodidos y los que por su actividad comercial también las poderosas.
La primaria enclavada en el centro histórico de Cuauhnáhuac, en el barrio de Santa Cruz de Cohualcalco, a un costado de una de las Catedrales más bellas del mundo. La que en ésa década dirigía mi queridísimo maestro Agustín Román Bustamante el de las cachetadas guajoloteras y recio carácter.
La escuela de grandes profesores como Lauro Aguirre, Carmen Román y Rafael Villalobos; la maestra Elodia, la maestra Queta, Pablo González Alatorre, el profe Pérez y el profe Agüero, sí aquel que jalaba las patillas. La que también dirigió mi padrino Modesto Reyes Ramírez años más tarde con una plantilla de no menos talentosos mentores como Rocío Herrera, María de Jesús Vázquez, Waldina Rodríguez, Isaías Cano, Graciela Dávila Rodríguez, Irma Cariño Díaz, Juanita Báez Aragón y Licha Coronado. Cuantas generaciones y cuanto talento manaron de ésa institución educativa. Alfonso Sandoval Camuñas, presidente municipal de Cuauhnáhuac; Pepe Castillo Pombo también alcalde de Cuernavaca; Juan Salgado Brito otro munícipe más; Luis Arturo Cornejo Alatorre, diputado en dos ocasiones; Hugo Salgado Castañeda, eminente Notario Público y hoy Secretario de Turismo; Juan Jaramillo Frikas, diputado federal. Egresó de “tocho morocho”: periodistas como Hugo Calderón y el que tiene el cutis como pelota de golf Javier Jaramilllo Frikas. Profesionistas destacados como Poncho de la Rosa Sánchez y Luis Llerandi, y hasta el Cronista que escribe ésta columna cursó allí sus estudios primarios.
Por muchos años la mejor banda de guerra la tuvo la Benito, con su capitán “Chuchín” Peralta; futbolistas de primera división como Ponce de León y el Chueco Garcés. Y para el trompo toda la banda estaba dispuesta. Banda, mucha banda de todos lados: la calle de Zarco, Tepetates, el mercado Juárez y después el centro comercial López Mateos; Galeana, Matamoros, Clavijero y Guerrero. Adonde se encuentren mi saludo y afecto para el “Fifi” Porcayo, Anatolio Santaolalla, Carlos Buenrostro, Camacho, Aquilino Valóis y el “Yako Kid” Luis el vago; los hermanos Melgar y por supuesto el inolvidable y bohemio Ney Suástegui. Ninguna escuela albergó a una población tan “sui géneris”; enclavada en el ombligo de Cuauhnáhuac, el plantel educativo de referencia acogió a los hijos de casi todos los comerciantes del centro histórico de la ciudad; a los hijos de los burócratas estatales y municipales; a los de muchos choferes; a los de infinidad de empleados de todos los ramos; abogados y policías, cantineros, expendedores de periódicos y trabajadoras sexuales, todos honestos y limpios, luchadores incansables en la búsqueda de estratos sociales y niveles económicos menos fregados para sus familias.
Había escuelas de todos los niveles claro está; pero la auténtica, la del pueblo, la Benito, sigue ahí de pie orgullosa, ufana, incansable. ¡Bendita seas escuela del alma!
Puedes escuchar al cronista de la ciudad de Cuernavaca, Víctor Cinta, todos los jueves en “El Choro Matutino.


¡Qué agradable ha sido encontrar tu página!
Me has traido muchos recuerdos. Yo soy medio hermano de Aquilino. También estuve en “La Beno” y ¡con el maestro “Pablito”! Gracias por las reseñas.
Un abrazo