En la segunda década del siglo XVI, habitaba en Cuauhnáhuac una de las tribus nahuatlacas: los tlahuicas, gobernados por Yoatzin. Este señorío fue tributario del imperio azteca bajo el dominio de Moctezuma II. La administración y el cobro directo de los tributos fueron ejercidos por los xochimilcas, quienes dominaron oficialmente la zona tlahuica.
Bajo este dominio, la traza urbana de la ciudad prehispánica corresponde, en esencia, a las ordenanzas de Moctezuma II (llamado El Viejo). En esas ordenanzas, los lugares más importantes son el teocalli (templo y explanada), el tecpan (palacio) y el tianquistli (mercado). En Cuauhnáhuac, estos edificios se encontraron diseminados debido a los impedimentos topográficos: al norte frente a la hoy catedral, se localizaba un grupo de edificios formando el tecpan; donde está ubicado en la actualidad el museo Cuauhnáhuac, se localizó el teocalli; y el tianquistli está convertido en la plaza de armas. Los componentes básicos de los campas o barrios se conservan con otros nombres ya castellanizados: Tlaltenango, San Francisco, Amatitlán y San Antón. Estos barrios conformaron los cuatro campas del mundo mítico azteca.
Creciendo sobre los lomeríos se desarrollan otros barrios, algunos de los cuales han sobrevivido hasta la fecha conjuntando un centro poblacional definido entre los cuales destacan San Diego, Jerusalén, Santa Catalina, San Juan, San Miguel, el barrio del Niño Jesús (Tepetates), Santo Cristo, San Pablo, San José, San Pedro y Santa Cruz Cohualcalco. Ésta traza urbana que podría considerarse como el primer plano regulador de Cuernavaca, fungió más por regla, por costumbre, pues la ciudad creció en círculos concéntricos a partir del teocalli hoy ocupado por la estructura que se ha constituido como un ícono de Cuauhnáhuac en el mundo: el Palacio de Cortés. La topografía de Cuernavaca está evidente e irremediablemente regida por las dos grandes barrancas que la cruzan, Amanalco y San Antón y por muchas cañadas que como arterias definen circulación, vialidad y comunicación al interior de la urbe. Y anoto que en lo personal defino a éstos cambios radicales en el desarrollo de la infraestructura urbana, en el ámbito cultural, la idiosincrasia y la trascendencia a la modernidad, que impactan radicalmente en la identidad de Cuauhnáhuac como “parteaguas”.
La colonia Miraval es una de las primeras que se desarrollan en la capital, a partir de 1908, una vez concluido el puente Porfirio Díaz y la calzada Leandro Valle entre 1899 y 1900. Definida la poligonal citadina, entre El Calvario y Las Palmas, en 1934 alcanzan su plenitud la colonia Club de Golf y Chulavista. Y sin ánimo de volverme a clavar en el baúl de la crónica tradicional de ésta ciudad, mencionaré que dada la inauguración de la carretera México Cuernavaca por el presidente Calles en 1927, Cuernavaca, se empieza a definir como un centro de descanso finsemanero, con la creación por lógica congruente de colonias como Rancho Cortés, residencia de muchos presidentes de la república, Lomas de Atzingo y Palmira, concluyendo éste primer parteaguas del desarrollo urbano citadino con la venta de 40 lotes y 14 casas ya construidas por don Raúl Estrada, en el lujoso y privado fraccionamiento Vista Hermosa en 1949. Definidos hasta 1958 los habitantes de Cuernavaca en tres grandes clases sociales, ricos, pobres y clase media popular (nunca entendí a fondo esta clasificación que si bien no nos daba la tranquilidad de estar del bando de los privilegiados, tampoco nos ubicaba en el lamentablemente bando de los jodidos, ahí junto a Pepe el Toro y la Chachita) se instauran como resultado de luchas sindicales magisteriales la colonia Del Vergel y la Miguel Hidalgo o de los Maestros, donde se vivía cómodamente, producto de las prestaciones de los mentores, detonando quizá de ésta forma con los desarrollos habitacionales de interés social.
¿Cuánto duró éste paraíso urbano? Pienso que hasta el momento en que otro enorme parteaguas determinado en ésta ocasión por la llegada de los ejes viales, impacta determinantemente cuando se empieza a privilegiar al vehículo automotor, por encima de los intereses del peatón. En 1964 se comienza a construir el moderno Boulevard Plan de Ayala con una longitud aproximada de 2.5 kilómetros, ampliando a cuatro carriles y con camellón arbolado al centro la antigua carretera a Cuautla. Bajo el gobierno de Emilio Riva Palacio, se realizan obras como el Centro Comercial A.L.M., el Parque Chapultepec, la Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca, la Universidad Autónoma de Morelos, el Palacio de Gobierno y más, instalándonos de pronto en una modernidad que señalaría así, con parteaguas impactantes, nuestro futuro urbano. Y por desgracia siempre han estado presentes los que están a favor de nada y en contra de todo. Los que viven en el Estado de “Norelos”; los que a todo le dicen que NO.






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