Un ocho de Agosto hace 131 años, vio la luz primera Emiliano Zapata Salazar, allá en Anenecuilco, Municipio de Ayala, en Morelos, si, aunque usted no lo crea, aquí en Morelos.
Al escuchar el nombre de Emiliano Zapata, irremediablemente traslado mi recuerdo hasta aquella habitación que mis padres me habían asignado en su casa de la calle de la Estación número 55, en la colonia Vergel de ésta mi ciudad natal Cuernavaca a principios de 1968, inmersos los jóvenes de la época, en escenarios delicados por los cuales transitaban grandes sectores político sociales del mundo. América Latina sufría por los constantes golpes de estado y gorilatos militares, financiados por aquellos que Cursio Malaparte decía “utilizaban el recurso del poder cuando corrían el peligro de perder el poder” agotados los recursos de dominio constitucional y democrático. Los sucesos de mayo y junio en Francia se encuadran dentro de una ola de protestas protagonizadas, principalmente, por sectores politizados de la juventud que recorrió el mundo durante 1968. La década de los 60 vivió una serie de cambios a nivel mundial que llevaron al cuestionamiento del sistema de dominación europeo y, sobre todo estadounidense, sobre los territorios coloniales o recientemente independizados de África, Asia y América Latina. El triunfo de la revolución Cubana y el auge de movimientos guerrilleros izquierdistas en Latinoamérica, y especialmente la guerra de Vietnam generaron un amplio movimiento de solidaridad en gran parte de Europa y de los propios Estados Unidos que canalizaron la oposición al imperialismo.
Lógica congruente con lo señalado, era, que en los muros de aquella mi habitación, al igual que en muchas recámaras de incontables jóvenes del mundo, destacaran “posters” (que no carteles) en “collages” (que no mosaicos) de Emiliano Zapata y el Che Guevara, si, la foto en medios tonos del Che realizada en 1960 por Alberto Díaz Korda y la famosa imagen posterizada en dos colores del caudillo suriano que ha recorrido el mundo, igual que la de las escaleras del hotel Moctezuma, de pie y con su treinta-treinta en la mano. Anoto dos párrafos del libro “Zapata en Morelos” escritos por la extraordinaria crítica de arte maestra María Helena Noval: “Emiliano Zapata se ha asimilado o equiparado con la figura del indio mexicano desde los inicios de su representación visual. Ataviado con el traje de manta del campesino o vestido de charro, ha sido retratado con la idea de enfatizar el color moreno de su piel, su fisonomía un tanto tosca, el almendrado de sus ojos, la fuerza de su mirada y la luz que de la misma emana como símbolo de dignidad, elevación, linaje y gloria. “Ante la fuerza y la pureza de tal figura (diferente a la de Pancho Villa, que no posee la gracia, el carácter ni la elegancia de Zapata), la religiosidad de la patria inducida desde el poder no pudo más que sucumbir: así, el culto al héroe civil de enigmática figura, originado en el héroe mítico y el mártir cristiano, encontró en Zapata nutrimentos valiosísimos.”
Observar en un cartel a una chamaca francesa introduciendo una flor en el cañón de una tanqueta durante una manifestación en Paris, al lado de otro donde Zapata carga su 30-30 de pie en las escaleras del hotel Moctezuma, y otro de los Beatles haciendo la “V” de la victoria con el subtítulo de “All you need is love”, juntos, que me parecía en aquellos años incomprensible, hoy lo valoro, analizo y reconozco: Para Villa el futuro era un problema de hombradía; para Zapata, de humanidad. Ambos eran iletrados; ambos perseverantes, pero se apartaban al rozar con las cosas del ánimo; porque si uno tenía espíritu de aventurero, el otro poseía corazón de esperanza. Villa sabía iniciar: era la vocación creadora entregada al poder de las armas. Zapata sabía aguardar: era la carne ingenua imantada por la inspiración humana. Aquél se creía un héroe; éste, una víctima. La pérdida de Cuernavaca el 9 de diciembre no tuvo significación de pérdida para Zapata. ¿Qué era la toma de una plaza, frente a un problema como el concerniente a los repartos de tierra? ¿Cómo creer que una acción militar podía determinar la derrota del pueblo posesionado de terrenos y entregado al trabajo agrícola?
Aquella ingenua e idealista manifestación del zapatismo estaba fuera de época. Pero fue rescatada a 50 años de su muerte por una pléyade de melenudos, vestidos con camisas llenas de flores, con la revista ¿Por qué? y Siempre bajo el brazo, con ediciones de José Agustín, Fuentes y Monsiváis en un morral de ixtle, y con el rencor en el alma de una brutal matanza en la Plaza de las Tres Culturas, en aquella trágica noche de Octubre. ¡Eso si estaba grueso carnal! Hoy me queda claro el porqué la estampa de Zapata la vemos plasmada en el mural del César Chávez street en San Francisco California; o en la playera de un cholo en Tijuana; u obligado en un mural de Orozco o Rivera; geometrizado por Arnold Belkin y magnificado por millones de grafiteros del mundo: La respuesta es que EMILIANO ZAPATA ES UN PERSONAJE CÓSMICO; PERTENECE AL UNIVERSO…
Por: Víctor Manuel Cinta, cronista de Cuernavaca.






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